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lunes, 2 de enero de 2017

WAYUU GESTORES DE SUS PROPIAS SOLUCIONES


 
Acabo el año 2016 con 88 muertes de niños por desnutrición, según fuentes oficiales, o con 103 muertes según registros de la Asociación Shipia Wayuu, niños más o niños menos, la muerte de un solo niño por causas asociadas al hambre es ya una tragedia, 88 o 103 es una hecatombe 100% injustificable en un Estado que se proclama como un Estado Social de Derecho.

Doy fe del esfuerzo de Cristina Plazas, directora del ICBF  por incrementar coberturas y llegar a mas lugares de los cerca de 18.818 km2 que tiene Uribía, Manare, Maicao, Riohacha y Albania y que comprende la región conocida como media y alta guajira y que en conjunto representa el 81% del territorio del Departamento, concentrando a su vez el 78% de la población, siendo la población rural étnica dispersa el 60% de la población del Departamento, sin embargo, pese a que disparo coberturas, estas aun están cortas por una sencilla razón, hay variables que el ICBF no puede intervenir por no ser su competencia, y que influyen profundamente en la crisis de los niños guajiros rurales e indígenas.

Cristina Plazas se encontró con una población cuyo número y ubicación se desconocía y aun se desconoce totalmente, realizó varios micros focalizaciones para ubicarlos pero no alcanzo a cubrir todo el territorio, es una labor titánica y extremadamente difícil.

De estas penetraciones a los territorios, permitió concluir que el País no entendía el territorio, y permitió evidenciar que la población estaba sumida en la pobreza absoluta (calculada recientemente por el DANE en 91%), extremadamente dispersa, afectada profundamente por el cambio climático, sin acceso al agua, a la educación y a las salud, sin fuentes de empleo, con una inseguridad alimentaria que hoy día puede ser superior al 70%, sin vías de acceso, y sin oportunidades para salir adelante.

Desde  el año 2013 cuando se iniciaron los primeros estudios que pusieron sobre el tapete la trágica tendencia de muertes sucesivas de niños a causa del hambre se pudo poner en evidencia que sencillamente el Estado y la Sociedad Colombiana no sabían que estaba pasando en La Guajira, o si sabían sencillamente miraban para otro lado, pese a que las cifras del SIVIGILA y del DANE mostraban estas tendencias pero que no tuvieron la fuerza suficiente para llamar la atención y generar las alertas en cabeza de las autoridades competentes ya sea el Ministerio de Salud, Presidencia, el Departamento, los Municipios, etc., porque sencillamente todos se habían acostumbrado a estas cifras y formaban parte más de las anécdotas de un territorio lejano a Bogotá, que un grave problema social y humanitario.

Causas de esta tragedia han sido muchas, sin embargo muchos buscaron quitarse la responsabilidad y echarle la culpa al otro en lugar de tomar las medidas necesarias para conjurar estas muertes sistemáticas, llegando al punto de pretender echarle la culpa a los papas y a la corrupción como únicos factores generadores de la crisis.

Responsabilidad de los padres, en cierto grado si hay, pero cuando una familia vive en la pobreza extrema, y a la cual se le niega toda oportunidad de desarrollo, hace que esta responsabilidad se atenué porque entra en juego responsabilidades de otros, ya sea  institucionales y sociales.

La corrupción, ciertamente ha tenido mucho responsabilidad, pero este fenómeno es el resultado de un sistema que nació y se desarrolló en medio de de un sistema político diseñado para ello. El ICBF estaba coartado por congresistas y grupos de poder en todo el país, era el negocio de pocas familias, con sofisticados sistemas para robar los dineros que iban destinados a los niños, sin embargo, aun si no hubiera existido corrupción, las muertes igual se hubieran dado porque sencillamente los recursos eran insuficientes y el Estado nunca entendió, y no lo ha hecho a la fecha, cual es la magnitud del problema.

Cristina Plazas me ha dicho en varias oportunidades que La Guajira es inviable, hecho que me niego a creer porque si eso fuera así, no habría más remedio que recoger maletas e irse. La Guajira no es inviable, tiene profundas dificultades, pero es en estos momentos cuando debemos mostrar de que estamos hechos y sacarla adelante.

 
Si La Guajira fuera inviable entonces el país entero sería inviable porque si en La Guajira ha habido y aún hay corrupción, a nivel nacional este fenómeno se multiplica por mil, mega escándalos, robos del sistema de salud, SaludCoop en total impunidad, Reficar, Interbolsa, Odebrecht y la Vía del Sol, mermeladas, una reforma tributaria que era y sigue siendo necesaria pero de fondo, pero que resultado en una modificación grosera que atenta contra los sectores más vulnerables, un ICBF que pese a los inmensos procesos de depuración que ha hecho su directora continua aun coaptada por grupos de poder, haría pensar que debemos cerrar el país e irnos para otra parte.

Colombia es viable, y la Guajira también, solo que debemos corregir muchas cosas, incluso la forma de pensar, y modificar las estrategias, porque es claro, muchas estrategias que se están usando actualmente no ha funcionado.

 
Debemos modificar estrategias de intervención de la problemática de las etnias de La Guajira, que ya no solo es del pueblo wayuu, sino que afecta también a los wiwas, koguis, arhuakos y kankuamos, no se pueden seguir interviniendo desde Bogotá y con ONG o Empresas de bolsillo, donde muchas veces sus reales dueños son funcionarios del mismo gobierno nacional o regional, se debe intervenir dentro de los mismos territorios, a través de las mismas organizaciones indígenas, porque ellas deben ser gestoras de sus propias soluciones y su propio desarrollo, pero el Estado debe darle las herramientas y los medios necesarios para lograrlo.

Pero antes que nada, es necesario que el gobierno nacional e incluso el departamental y municipal entiendan las realidades de las etnias, que entiendan el territorio, que entiendan las problemáticas y se comprometa a solucionarlas.

A Cristina Plazas le preocupa, y a mí también, que muchas organizaciones indígenas  han sido incapaces para lograr estas metas, y algunas han caído en procesos de corrupción, pero eso no justifica sacarlas de una y reemplazarlas por organizaciones externas, lo que se debe hacer es procesos de reingeniería, capacitación, reorganización y cualificarlas para que puedan asumir sus competencias correctamente.

Ellas son la solución a los problemas porque están en los territorios, viven allí, y conocen de primera mano sus problemas, hay que concertar con ellas.

Si algunas organizaciones han caído en malas prácticas es culpa del mismo Estado, no las preparara, no las acompaña, no las apoya, no les hace seguimiento, y ahí está la falla, hay que seguir trabajando con ellas, pero con acompañamiento permanente, porque el Estado no puede renunciar a sus obligaciones legales y constitucionales.

Los niños deben dejar de ser un negocio y convertirse en un propósito nacional.

@mauricioadmpub

viernes, 21 de octubre de 2016

PUEDE LA GUAJIRA DESARROLLARSE?


Porque es importante sacar adelante a los pueblos indígenas de La Guajira?

Las razones son muchas, unas que claramente no tienen discusión, por razones humanitarias,  porque se les están muriendo los niños de física hambre, porque padecen penurias en sus territorio que se les está desertificando aceleradamente, porque el Estado se olvidó de ellos, porque ni siquiera sabemos cuántos indígenas son y donde están, que por corrupción, que por desidia, etc., etc., etc., pero hay otras razones, también muy importantes, razones que seguramente si le interesaran a los que el tema indígena o la muerte de niños los tiene aburridos y es el tema del desarrollo social y económico o camino a la prosperidad.

Partan de un principio, si de acuerdo a estimativos del Departamento la población rural del Departamento superan a la población urbana, (las evidencias así lo señalan en una relación mínimo de 60% a 40%) y esa población rural mayoritaria presenta una pobreza multidimensional del 85.5% según el Censo Nacional Agropecuario 2014 (DANE), que quiere decir que de cada 100 personas 85.5 son pobres absolutos, y que de la población urbana,  quienes presentan una pobreza del 53%, con un significativo número de población indígena también viviendo en cinturones de miseria cerca a los cascos urbanos, nos lleva a preguntarnos: Cómo podemos hablar de desarrollo en estas circunstancias?.

La Guajira históricamente viene ocupando los últimos lugares en todos los indicadores sociales y económicos, y solo ocupa los primero lugares cuando la tabla de valores se invierte y el primer o segundo lugar son los más negativos, como por ejemplo las tasas de mortalidad infantil o materna.

En materia de Competitividad, la Guajira ocupa siempre el ultimo o penúltimo lugar,  según el DANE ocupa el segundo lugar en pobreza, aunque estoy seguro que ocupa el primero en realidad, dado que la población está mal censada, para el 2016 el DANE proyecta solo 280.000 indígenas cuando en realidad pueden ser más de 800.000, los cuales habitan territorios que presenta bajos niveles de desarrollo local, baja inversión privada, alto desempleo, cero desarrollo de infraestructura, y con una población totalmente dispersa, en fin, cifras nada alentadoras y que en lugar de atraer desarrollo lo que hace es alejarlo, o pregúntenle a una empresa si querría invertir en un departamento con estos indicadores, donde ni siquiera la ciudad capital tiene servicio de agua permanente.

Si queremos que la Guajira progrese, y por lo tanto que el mismo Caribe progrese, que halla desarrollo, que se genere oportunidades y empleo, y por supuesto ingresos, que se genere riqueza para todos, debemos sacar adelante a ese 60% de la población rural, dispersa, extremadamente pobre y en total riesgo social y económico, mayoría indígena, que pueden estar alrededor de los 800.000 habitantes reales de carne y hueso, donde la inseguridad alimentaria medida en el año 2010 estaba en el 59% pero que hoy puede estar alrededor del 85%.  Mientras esta población, que son seres humanos, que también son colombianos no avance hacia el desarrollo, el resto del territorio no podrá avanzar, porque es como una piedra, que en lugar de flotar te arrastra al fondo.

Como región Caribe y como Departamento de La Guajira, incluso como país, es impresentable que nos estemos desarrollando y que estemos creciendo económica y socialmente cuando un gran número de niños y mujeres se nos mueren de hambre.

Si somos inteligentes, podríamos convertir una amenaza en una oportunidad, los indígenas podrían dejar de ser un “problema” para convertirse en una “oportunidad”, solo tenemos que romper barreras culturales, sociales, económicas, políticas e institucionales, trabajar de la mano con ellos, empoderarlos para que sean gestores de su propio desarrollo con un enfoque étnico y diferencial.  Si como sociedad y como Estado somos incapaces de lograrlo, entonces sería recomendable hacernos a un lado y dejar que otros lo intenten.


Mauricio Enrique Ramírez Álvarez
Twitter @MauricioAdmPub

jueves, 1 de septiembre de 2016

LA CULPA ES DE LOS WAYUU, VERDADES Y MENTIRAS

Desde hace varios meses se viene desarrollando una campaña mediática y planificada orientada a tratar de demostrar que la desnutrición y la muerte de niños wayuu es culpa de los usos y costumbres de esta etnia, es decir, tratan de mostrar a los indígena como seres inhumanos e irracionales que dejan morir a sus niños por gusto, que los sacan de los hospitales a la fuerza para que se mueran, que no le importan el futuro ni el sufrimiento de sus hijos, campaña clara e inequívoca para evadir responsabilidades institucionales agravada a la falta de visión y el total desconocimiento del Estado Colombiano en todos sus niveles sobre al drama y la crisis humanitaria que padece La Guajira y sus etnias.


Esto es el resultado de desconocer 100% a La Guajira y a los wayuu, la realidad es todo lo contrario, los wayuu son amorosos y de apego familiar, el centro de su sociedad es la familia es la base de su sociedad, sus niños están primero, tanto así que su organización social (rancherías) es por familias, mayoría de orden matrilineal, pero donde las condiciones de vida, la situación de pobreza, abandono, bajo desarrollo de sus territorios, la exposición al cambio climático, territorios en procesos de desertificación, la escases de agua y alimentos crean condiciones difíciles que amenazan su supervivencia.

La desnutrición puede tender varios orígenes, la primera y más generalizada asociada a la pobreza extrema, que impide el acceso a alimentos, y que por lo tanto lleva a la desnutrición por hambre pura, y la segunda como consecuencia de una enfermedad asociada, que impide que el niño deje de comer y caiga en la desnutrición, que es una falla del sistema de salud, o en muchos casos, la combinación de las dos.

Los medios muestran algunos casos donde los padres retiran a la fuerza a los niños de los centros hospitalarios, pero no preguntan las causas, y estas son muy complejas y multidimensionales, estamos hablando de familias en un nivel de pobreza absoluta, que habitan muy lejos de los centros urbanos cuyo acceso es muy difícil y cuya cultura es diferente a la nuestra.

Lo primero que se debe aclarar es que no es la regla sino la excepción, la inmensa mayoría de casos son atendidos sin dificultad ya sea en los centros hospitalarios o en los centros de recuperación nutricional del ICBF, donde  logran culminar su recuperación, pero hay algunos casos complejos que son los que han salido a la luz pública en un proceso maligno y perverso de show mediático y que pretende mostrarlo como si fuera el comportamiento general de los wayuu, cuando es todo lo contrario.

Imaginen una familia con 5, 6, 7 o 10 hijos, donde unos de sus niños recaiga en desnutrición aguda severa, lo más seguro es que el resto de los niños de ese hogar también presenten algún nivel de desnutrición, llega un equipo institucional (Salud o ICBF) y saca el niño a un centro hospitalario, muy lejos de la comunidad, donde su recuperación será lenta y llevará muchos días, incluso hasta meses, la madre del niño, generalmente es la única cuidadora, tiene que tomar una decisión, se viene con su hijo a la ciudad y deja los demás niños a su suerte, o se queda y deja ir al niño solo, o toma la decisión de no dejar que se lo lleven en aras de poder proteger al resto de sus hijos.

Si toma la decisión de dejar sacar el niño y ella se viene con él enfrentará un calvario, los centros hospitalarios atienden al niño pero no a la madre, ella se verá obligada a dormir en el piso, no tendrá donde comer o asearse, donde lavar su ropa, porque esto no lo cubren las EPS, es gente pobre, no tendrá recursos para comprar sus propios alimentos, para movilizarse de un lugar a otro, y si no habla español, su situación será peor por no poder entender lo que le están haciendo a su hijo.  A esto súmenle el drama de no saber qué está pasando con el resto de sus hijos, porque no puede ir y venir, su casa puede estar a muchas  horas de distancia donde no hay transporte público y en general son zonas de difícil acceso a donde no llega el Estado Colombiano.

Los wayuu son solidarios entre sí, y la enfermedad es un motivo de unión, cuando un miembro enferma, la familia se reúne y lo rodea hasta que se recuperé, cuando sacan a un niño de su territorio, este vínculo se rompe y la madre del niño y el niño quedan desprotegidos de ese abrazo solidario que es esencial para ellos, sin embargo, en algunas ocasiones, se viene la madre, una tía y otros acompáñenles, entonces es usual ver la romería de paisanos en las entradas de los centros hospitalarios pendiente del enfermo, pero todos padeciendo la misma dificultad, hasta que sus cuerpos no aguantan y deben tomar una decisión, seguir el suplicio o volver a sus comunidades, y en el caso de la madre del menor, la urgente necesidad de volver a su hogar a velar por el resto de sus hijos que dejo abandonados en su comunidad.

Algunos preguntaran, y porque otra familia de su comunidad no atiende estos niños mientras dure la madre con el niño desnutrido fuera de su comunidad?, la respuesta es que eso si ocurre, pero imaginen, los wayuu no viven como nosotros, una casa al lado de la otra, la distancia entre las viviendas suele ser de kilómetros, y si había pobreza en este hogar lo más seguro es que lo habrá en el otro, aquí no funciona el dicho de que cada hijo nace con un pedazo de pan bajo el brazo, recibir los hijos de otra familia lo hacen, pero ahora todos comerán menos y se acrecienta la crisis.

Que puede haber casos de malos padres, si, puede haberlos, los hay entre nosotros los arijunas (no wayuu), recordemos que los juzgados están llenos de demandas contra padres por inasistencia alimentaria, que el madre solterismo en la sociedad colombiana no es la excepción sino que se está volviendo una preocupante regla, pero en los wayuu por su naturaleza y cultura poco se ve.

Es urgente modificar los mecanismos de intervención de los territorios indígenas, no podemos seguir sacando a los niños de sus territorios, debemos llevar los esquemas de atención a los resguardos, con un enfoque diferencial y étnico, en el 80% de los resguardos no hay centros ni puestos de salud, ni centros de recuperación nutricional, y la tragedia cada día se incrementa más, porque si bien se han sacado muchos niños wayuu y se han logrado recuperar nutricionalmente, cuando le dan salida estos regresan a la misma comunidad donde se desnutrieron, porque allí, nada ha cambiado, la pobreza y la seguridad alimentaria no se ha reducido, sino que por lo contrario, se ha incrementado, y lo más seguro es que al poco tiempo volverán a recaer.

Son más de 700.000 wayuu en La Guajira, la mitad menores de 17 años, donde la desnutrición y el hambre es el pan de cada día.


Entonces vale la pena preguntarse, la culpa es de los wayuu o de un modelo económico y de salud perverso e inhumano de atención que no cumple con su misión.

martes, 2 de agosto de 2016

IDEAS PARA DAR SOLUCIONES DE FONDO A LOS PROBLEMAS DE LA GUAJIRA

Dirijo este escrito con el ánimo de contribuir a la búsqueda de soluciones estructurales y de fondo a los profundos problemas del Departamento de La Guajira, los cuales fueron consignados en el Plan de Desarrollo 2016 – 2019 “Oportunidad para Todos y Propósito de País”.

Por primera vez en un documento público como lo es el Plan de Desarrollo del Departamento, con sinceridad y responsabilidad social, identificamos los profundos problemas de la región, siendo esto el resultado de la consulta previa y del trabajo armónico de múltiples actores tanto étnicos como sociales e institucionales.


Los problemas de La Guajira no son fáciles, son estructures, son de vieja data, y parten del hecho que como territorio y como nación desconocíamos la realidad de La Guajira, falencia que se ha intentado superar por primera vez, dado que si no  entendemos los territorios, nunca podremos intervenirlos correctamente.

La realidad Señor Presidente es que la crisis no se da solo en los municipios de Uribia, Riohacha, Manaure y Maicao, municipios cobijados por las medidas cautelares de la Corte Interamericana de Justicia y del reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia, y adonde se ha centrado la acción estatal, sino en los 11 municipios que tienen presencia de pueblos indígenas, incluso en los pueblos originarios  de la Sierra Nevada de Santa Marta donde conviven los Wiwas, Koguis y Arhuakos donde la desnutrición y la pobreza también golpean pero que no han sido visibilizadas por los medios de comunicación.


La realidad de La Guajira es que es más rural que urbana, pero esta ruralidad se vuelve más compleja por ser población altamente dispersa, y esta dispersión en el fondo obedece a la baja oferta de recursos del entorno, que obliga a que una comunidad requiera mayor extensión de tierras para poder sobrevivir; esta población, en su mayoría indígena Wayuu, se está viendo afectada por una desertificación contante y acelerada del territorio, que conlleva a una reducción de la oferta natural de agua para subsistir, perdidas de sus ecosistemas y grave afectación de su ambiente natural, con contantes sequias que han sido una constante histórica en La Guajira.

Otro agravante es no saber cuántos indígenas son y donde están localizados, se han hecho varias microfocalizaciones con el valioso apoyo del ICBF, pero aún no se ha logrado cubrir el 100% de los municipios estudiados, faltando aún por evaluar 7 de los 11 municipios con etnias del Departamento, en este sentido, es urgente un nuevo Censo Poblacional con enfoque diferencial pero garantizando que se llegue a todos los territorios.


El problema de La Guajira es multidimensional y multisectorial, se requieren soluciones de diferente tipo, algunas son del campo de la economía, otras de infraestructura y equipamiento, otra está ligada a garantizar ofertas de bienes y servicios en los territorios, tanto institucionales como privados, otras requiere generar cambios en patrones sociales y culturales, tanto de las etnias como del mismo Estado, donde la mayoría requiere involucrar a las comunidades para que asuman sus propios procesos y sean gestoras de su propio desarrollo, pero lo que no se puede seguir haciendo es mantener soluciones basadas en el asistencialismo, esto no está contribuyendo positivamente y sí por el contrario, está profundizando más la crisis.

Me gustaría darles a conocer algunos temas que son fundamentales para afrontar los retos de La Guajira:

a.                  La Guajira más rural que urbana: Según estimación del Departamento, La Guajira es más rural que urbana, en porcentaje que podría superar el 60% de la población, en su mayoría perteneciente a poblaciones indígenas y afrodescendientes. Mientras el DANE proyecta 280.00 indígenas en toda La Guajira, el Departamento estima que esta cifra puede estar cercana a los 800.000, mayoría dela etnia wayuu localizado en la media y alta guajira, donde la mitad serían menores de 17 años. De aquí la urgencia de un nuevo censo de población con enfoque diferencial.  Si la base poblacional esta errada, todo el sistema de indicadores del Departamento como vacunación, coberturas de educación y salud estarán errados.

Se requiere u nuevo Censo de Población para estos territorios.


b. Brechas históricas, bajo desarrollo local, desempleo y pobreza: Paralelo a las grandes brechas del desarrollo entre los territorios rurales e indígenas y los centros urbanos, y a su vez, de los municipios guajiros frente a los municipios del centro del país, se suma el bajo desarrollo económico y social, una tasa de pobreza multidimensional que supera el 84.6%[1], y una población mayoritaria y laboralmente desocupada por falta de oferta de empleo que garantice ingresos para el sostenimiento familiar.

Se requiere acompañar a los municipios para promover el desarrollo local y desarrollar y fortalecer sus dinámicas económicas, desarrollar una estrategia de cierre de brechas, reducción de pobreza extrema y generación de empleo e ingresos para la población.

En los resguardos se requiere garantizar cadenas de comercialización de alimentos donde la moneda de pago sea inicialmente el trueque hasta que puedan evolucionar a un sistema monetario.

Se requiere incrementar la capacidad productiva agrícola y pecuaria, desarrollar centros de investigación agrícola y formar a los indígenas en técnicas agropecuarias.

c. Baja oferta del entorno: Los datos de micro focalización  señalan que la población rural dispersa de la media y alta guajira se duplico en los últimos 17 años, en un entorno que cada día ofrece menos por causa de cambio climático, la erosión y la desertificación acelerada, la deforestación, las sequias recurrentes, la minería extensiva y el desplazamiento  hacen que el entorno ofrezca cada día menos recursos para subsistir.  Los indígenas ya no encuentran los alimentos de que dependían en antaño, hoy día deben recurrir a los mismos alimentos que consumimos los demás colombianos, pero que sin poder adquisitivo se ven privados de estos.

Se requiere un plan para combatir la desertificación, un plan de adaptación al cambio climático, programas para generar ambientes naturales sostenibles-

Se requiere evaluar los títulos mineros entregados a la fecha y los que están en trámite, y evaluar cuanto impactan los ciclos del agua y la seguridad alimentaria presente y futura.


d. Dificultades de acceso a servicio vs alta dispersión poblacional: La alta dispersión poblacional de casi 800.000 indígenas hace que garantizar el acceso a bienes y servicios básicos y esenciales que requiere todo ser humano  sea una tarea de inmensos desafíos.  En Uribía se ha identificado más de 22.023 puntos poblados dispersos , en Manaure 7.743, Riohacha 5.937, Maicao 5.135, Dibulla 3.51, San Juan del Cesar 1.537, Barrancas 1.109, Albania 884, Fonseca 655, Hatonuevo 577, Distracción 339, Urumita 289, Villanueva 249, La Jagua del Pilar 173 y El Molino con 82 puntos poblados dispersos hacen del Departamento de La Guajira uno de los territorios más difícil de atender del país, lo cual sumado al bajo desarrollo, inexistencia de vías técnicamente construidas, el difícil acceso, la desertificación, el cambio climático y sequias recurrentes, el bajo desarrollo social, hacen que garantizar derechos sea muy difícil, adicionado a que a la fecha aún no sabemos cuántos somos y cómo se distribuye la población dentro del territorio.


Uribia en un municipio de casi 8.200 km”, Riohacha 3.120 km2, Manaure 1.971 km2, Maicao 1.782 km2, son territorios extremadamente extensión y todos forman parte de un solo resguardo, los alcaldes no administran estos territorios por su considerable extensión, se requerirá dividirlos administrativamente para poder localizar en cada zona centros y puestos de salud y centros educativos estratégicamente localizados que permitan a los indígenas acceder fácilmente, lo mismo que puntos donde se oferten alimentos  y demás servicios que presta el Estado Colombiano, esto implica en replanteamiento de los territorios, que por ser territorios y resguardos indígenas requieren del concurso de las mismas comunidades indígenas, no puede ser decisiones unilaterales.

Uribia presenta una dispersión de 2.8 puntos poblados por km2 (34 personas por km2 aproximadamente) con una red de trochas que supera los 26.528 km lineales, Manaure de 4.9 puntos poblados por km2 (58 personas por km2 aproximadamente) con una red de trochas de 8.476 km lineales, Riohacha presenta una dispersión de 1.9 puntos poblados por km2 (23 personas por km2 aproximadamente) con una red de trochas que supera los 6.093 km lineales y Maicao presenta una dispersión de 2.9 puntos poblados por km2 (35 personas por km2 aproximadamente) con una red de trochas que supera los 6.605 km lineales.

Se requiere vías de penetración, energías alternativas en centros nucleados, y en lo posible, desestimular la dispersión poblacional construyendo centros donde se oferte  bienes y servicios como educación, salud, comercio de alimentos y bienes primera necesidad, para estimular el reagrupamiento poblacional, que si es posible. 

e. La crisis del agua. La Guajira siempre ha tenido dificultades para acceder al agua potable, no solo en la zona urbana sino rural. Históricamente el Departamento ha construido pozos profundos eólicos, reservorios, jagüeyes e incluso hay más de 15 represas en Uribia, pero su llenado depende de la lluvia, escasa en la región. Con los nuevos datos georeferenciadas de que dispone el Departamento, en donde ahora y por primera vez sabemos dónde se localiza la población rural dispersa, hemos visto que se hace necesario replantear los esquemas de construcción de Pozos Profundos de tal forma que se garantice cobertura universal, que si bien no es viable en este momento aplicar un concepto como servicio domiciliario, si es válido pensar en un esquema que garantice suficientes puntos de abastecimientos correctamente distribuidos de tal forma que toda la población tenga donde conseguir el preciado líquido.


La opción de recurrir a la desalinización del agua de mar es viable pero solo impactaría a las poblaciones adyacentes a las zonas de playas, las que viven al interior de los municipios de Uribía en zonas como las serranías de Cocinas, Jarara y la Macuira donde se concentra la mayor parte de la población, las poblaciones de Riohacha, Sabanas de Manaure, Maicao o Albania esta solución no sería viable dado llevar el agua desalinizada de mar implicaría costos muy elevados y y por lo tanto si requerirán de la opción de pozos profundos.

f. Educación.  La tasa de deserción del ciclo escolar del grado 1º  de primaria al grado 11 en la Guajira es del 78%, pero en Manaure alcanza el 93% y el Uribia el 95%.  Esto ocurre porque en las zonas rurales donde está la mayoría de la población no hay suficiente oferta educativa, un niño que logra llegar a 3º de primaria no encuentra oferta en su entorno y deserta del sistema.

Adicionalmente, hemos calculado que cerca del 30% de los niños ni siquiera se matricula, aunque el Censo Nacional Agropecuario 2014 lo calculo en el 60%.


A esto súmele las dificultades para llevar el PAE a las cientos de escuelitas dispersas, muchas son simples enramadas, que no cuentan con energía eléctrica para refrigerar los alimentos, no cuentan  con agua potable y la falta de transporte escolar incrementa la deserción dentro del mismo calendario escolar.

Se requiere reorganizar el sistema, desde el enfoque étnico diferencial, con grandes concentraciones escolares tipo internados que permita incrementar las coberturas y mejorar la calidad y continuidad del servicio.

g. Salud.  En materia de Salud, el 80% de los territorios no cuentan con oferta pública ni privada de salud, el 20% de la población no está asegurada, y los asegurados no pueden hacer uso de su carnet por no tener donde hacerlo, se ha calculado que el 79.5% de los partos son subregistros (nacimientos en las casas), y muchos indígenas mueren por no tener a donde llegar en caso de una emergencia de salud.


La solucionó no solo es rediseñar el sistema de salud, sino que se debe garantizar servicios de atención real dentro de los territorios con centros y puestos de salud que hoy no existen, eliminar las berras del idioma, y de la pobreza que hace difícil a los indígenas llegar a un centro hospitalario urbano.

Siguen los subregistros de muertes por desnutrición, aunque hay la percepción de que se ha reducido motivado por la mayor cobertura que ha logrado el ICBF en el territorio.

h. Binacionalidad: Los indígenas wayuu no son colombianos ni venezolanos, son wayuu, su territorio es uno solo, pero repartido entre dos naciones, la etnia debe sufrir los efectos de las políticas fronterizas de los dos países para transitar por un territorio que consideran como propio y ancestral.

La Guajira ha dependido de la economía venezolana históricamente, no solo por los efectos cambiarios, sino por temas de proximidad, hasta tal punto que la moneda que circulaba en la alta guajira era el bolívar y no el peso colombiano.  A raíz de la crisis económica venezolana se ha producido cierres constantes de la frontera y se ha impedido el ingreso de alimentos desde esta nación de la cual dependían tradicionalmente los wayuu generando hambrunas porque como Estado Colombiano no reaccionamos rápidamente para reemplazar con productos colombianos lo que se dejó de recibir de Venezuela. EL Centro de acopia en Punta Estrella es una solución pero solo para esta zona, el centro, sur y occidente de Uribia y las sabanas de Manaure, Riohacha y Maicao no se benefician de este Centro.

Se requiere un acuerdo con Venezuela para garantizar derechos al pueblo wayuu.

i. Perdida costumbres ancestrales e Intervenciones externas erradas: Muchas comunidades indígenas se han visto afectadas por procesos de aculturización, con pérdida gradual de sus usos y costumbres.  Algunas comunidades han logrado sortear estos procesos y navegan fácilmente entre los dos mundos, entienden la cultura occidental a la perfección pero cuando regresan a sus territorios retoman sus usos y costumbres inmediatamente, sin embargo, las intervenciones erradas de algunas organizaciones no gubernamentales y del mismo Estado pueden haber generado daños irreparables en estos aspectos.  El Antropólogo Wilder Guerra Curverlo señala que muchos temas que hoy son novedosa para los wayuu y que están incorporando a sus formas de vida no siempre son perjudiciales, lo que hoy es una novedad en 100% será parte de sus usos y costumbres, el problema es no todo lo que se les lleva a los territorios ha sido positivo.

Se requiere revisar modelos de intervención y respeto de usos y costumbres (enfoque diferencial y étnico), recordemos que ellos estaban primero que nosotros.

j. Usos y costumbres y barreras culturales: Los usos y costumbres no son necesariamente una barrera, si reenfocamos el concepto se para observar que en muchos aspectos se convierte más en una oportunidad que en un obstáculo.  También debe ser visto desde el otro ángulo, los usos y costumbres desde el Estado Colombiano, donde somos nosotros los que muchas veces les imponemos barreras a las comunidades indígenas.  Teniendo en cuenta que el 46% de la población indígena no habla español, el acceso a la salud y a la educación resulta imposible para los indígenas, porque los servicios que presta el Estado son en español, pero los indígenas que no lo hablan se estrellan contra esta barrera.  Este fenómeno se observa en el sistema de salud y educación, instituciones como los organismos de seguridad del Estado, la Registraduría y otras  oficinas nacionales, departamentales y municipales.

k, Choque medicina tradicional vs occidental e Inexistencia  de oferta salud en territorios indígenas: la medicina tradicional indígena tanto de los wayuu como de las etnias de la sierra nevada de Santa Marta es milenaria, el problema es que es una medicina para enfermedades propias de los indígenas los cuales se ven enfrentados hoy en día a enfermedades llevadas por occidente y para la cual esta no es efectiva.  Los indígenas dentro de su cosmovisión no ven esto con facilidad y atribuyen muchas patologías a enfermedades tradicionales sin serlo recurriendo inicialmente a su propia cultura, quitando la oportunidad de que la medicina occidental pueda intervenir inicialmente a la población.

Se ha vuelto común que muchas comunidades cuando el niño enferma recurran al Piache (Outsü) impidiendo la atención del niño por los sistemas de salud, amén de que cuando quieren usar estos servicios occidentales no cuentan con el servicio cerca de sus viviendas o enfrentan barreras para el acceso.

Se requiere articulación intercultural entre medicina tradicional y occidental, para romper estas barreras.

l. Desarticulación acciones y actores: Uno de los mayores problemas que afronta el Departamento es la desarticulación de actores tanto públicos como privados, en la presente emergencia se observa una competencia insana sobre quien interviene más y primero, generándose aparentemente una especie de turismo humanitario,  pero pierden de vista que el territorio es un solo y que lo correcto es la planificación de la intervención del territorio con las mismas comunidades y de la institucionalidad local. Si se logrará articular a todos los actores, incluidas las entidades nacionales y las cientos de ONG que hacen presencia constante en el Departamento, los logros serían muy superiores y por lo tanto la necesidad de recursos adicionales podría ser menor.

Se ha observado como los entes nacionales hacen los contratos desde Bogotá un ejemplo son los carro tanques para llevar agua en la emergencia, se contrataron en Bogotá cuando en el territorio hay disponibilidad de este tipo de vehículos, lo mismo para la construcción de pozos y el suministro de ayudas, todo se hace desde Bogotá y no desde la región, cuando en La Guajira hay capacidad para satisfacer estas demandas, y de paso se generaría empleo y se dinamizaría la economía local.

m. Empoderamiento y transferencia de capacidades de comunidades étnicas.  Es urgente empoderar y transferir capacidades a las comunidades indígenas para que sean gestoras de su propio desarrollo, se debe apoyar al pueblo wayuu para que genere una gobernanza propia, el sistema clanil disperso impide la correcta concertación y articulación de acciones, pero esto se debe dar desde ellos mismos, el Estado puede estimularlo y apoyar los procesos que ponen en funcionamiento los Territorios Indígenas respecto de la administración de los sistemas propios de los pueblos indígenas, contemplado en el Decreto 1953 de 2014.

Todo esto esta contemplado en el Plan de Desarrollo del Departamento 2016-2019 “Oportunidad para Todos y Propósito de País” del Departamento de La Guajira.


Mauricio Enrique Ramirez Alvarez
@MauricioAdmPub


[1] Censo Nacional Agropecuario 2014