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viernes, 21 de octubre de 2016

PUEDE LA GUAJIRA DESARROLLARSE?


Porque es importante sacar adelante a los pueblos indígenas de La Guajira?

Las razones son muchas, unas que claramente no tienen discusión, por razones humanitarias,  porque se les están muriendo los niños de física hambre, porque padecen penurias en sus territorio que se les está desertificando aceleradamente, porque el Estado se olvidó de ellos, porque ni siquiera sabemos cuántos indígenas son y donde están, que por corrupción, que por desidia, etc., etc., etc., pero hay otras razones, también muy importantes, razones que seguramente si le interesaran a los que el tema indígena o la muerte de niños los tiene aburridos y es el tema del desarrollo social y económico o camino a la prosperidad.

Partan de un principio, si de acuerdo a estimativos del Departamento la población rural del Departamento superan a la población urbana, (las evidencias así lo señalan en una relación mínimo de 60% a 40%) y esa población rural mayoritaria presenta una pobreza multidimensional del 85.5% según el Censo Nacional Agropecuario 2014 (DANE), que quiere decir que de cada 100 personas 85.5 son pobres absolutos, y que de la población urbana,  quienes presentan una pobreza del 53%, con un significativo número de población indígena también viviendo en cinturones de miseria cerca a los cascos urbanos, nos lleva a preguntarnos: Cómo podemos hablar de desarrollo en estas circunstancias?.

La Guajira históricamente viene ocupando los últimos lugares en todos los indicadores sociales y económicos, y solo ocupa los primero lugares cuando la tabla de valores se invierte y el primer o segundo lugar son los más negativos, como por ejemplo las tasas de mortalidad infantil o materna.

En materia de Competitividad, la Guajira ocupa siempre el ultimo o penúltimo lugar,  según el DANE ocupa el segundo lugar en pobreza, aunque estoy seguro que ocupa el primero en realidad, dado que la población está mal censada, para el 2016 el DANE proyecta solo 280.000 indígenas cuando en realidad pueden ser más de 800.000, los cuales habitan territorios que presenta bajos niveles de desarrollo local, baja inversión privada, alto desempleo, cero desarrollo de infraestructura, y con una población totalmente dispersa, en fin, cifras nada alentadoras y que en lugar de atraer desarrollo lo que hace es alejarlo, o pregúntenle a una empresa si querría invertir en un departamento con estos indicadores, donde ni siquiera la ciudad capital tiene servicio de agua permanente.

Si queremos que la Guajira progrese, y por lo tanto que el mismo Caribe progrese, que halla desarrollo, que se genere oportunidades y empleo, y por supuesto ingresos, que se genere riqueza para todos, debemos sacar adelante a ese 60% de la población rural, dispersa, extremadamente pobre y en total riesgo social y económico, mayoría indígena, que pueden estar alrededor de los 800.000 habitantes reales de carne y hueso, donde la inseguridad alimentaria medida en el año 2010 estaba en el 59% pero que hoy puede estar alrededor del 85%.  Mientras esta población, que son seres humanos, que también son colombianos no avance hacia el desarrollo, el resto del territorio no podrá avanzar, porque es como una piedra, que en lugar de flotar te arrastra al fondo.

Como región Caribe y como Departamento de La Guajira, incluso como país, es impresentable que nos estemos desarrollando y que estemos creciendo económica y socialmente cuando un gran número de niños y mujeres se nos mueren de hambre.

Si somos inteligentes, podríamos convertir una amenaza en una oportunidad, los indígenas podrían dejar de ser un “problema” para convertirse en una “oportunidad”, solo tenemos que romper barreras culturales, sociales, económicas, políticas e institucionales, trabajar de la mano con ellos, empoderarlos para que sean gestores de su propio desarrollo con un enfoque étnico y diferencial.  Si como sociedad y como Estado somos incapaces de lograrlo, entonces sería recomendable hacernos a un lado y dejar que otros lo intenten.


Mauricio Enrique Ramírez Álvarez
Twitter @MauricioAdmPub

domingo, 17 de julio de 2016

CONSTRUYENDO LA GUAJIRA

Son múltiples los problemas que aquejan a La Guajira, pero el mayor de ellos es la falta de articulación de actores, ya sean instituciones públicas nacionales, regionales y locales, ONG, empresas del sector privado, profesionales y ciudadanos de a pie, todos con deseos de ayudar a esta región, pero cada uno a su manera, con estilos diferentes, con estrategias distintas, con objetivos aparentemente iguales pero cuyos resultados no logran alcanzar los objetivos deseados.

Un primer elemento que se ha podido identificar es que muchos no entienden a La Guajira, desconocen el territorio y a sus comunidades, no saben que son diferentes, que se comportan diferentes, que hay diferencia culturales y étnicas, formas diferentes de entender y relacionarse entre sí, con los demás y con el entorno, desconocen sus problemas más profundos, ni siquiera sabemos cuántos somos ni como nos distribuimos en la inmensidad de esta dura geografía, trayendo como consecuencia no lograr impactar positivamente los profundos problemas que presenta la región.

El individualismo, los intereses mezquinos, el todo vale, la falta de compromiso, la indolencia nos golpea, no solo local sino nacional, y se vuelve más difícil cuando actores de todo tipo, ya sea empresarios, ciudadanos, medios de comunicación, entidades oficiales y otros, creen que con decir que todo es corrupción ya solucionaron el problema, porque no saben que hay raíces más profundas que hacen que La Guajira requiera de estrategias diferenciales para poder superar sus profundas crisis.

Veo a todo el mundo trayendo ladrillos para ayudar a construir La Guajira soñada, pero traen ladrillos de tamaños y materiales diferentes, algunos traen planos y diseños propios, otros ni siquiera eso, y cargados de buena voluntad comienzan a construir La Guajira que ellos creen que debe ser, armando un vendaval de ayudas que levantan un polvorín donde nadie sabe que está haciendo el otro.

Cuando se asienta el polvo levantado por tantas personas intervinientes y miramos que hemos hecho encontramos ladrillos tirados por todas partes, como si hubieran pasado un huracán, pero en el fondo no hemos construido nada, por el contrario, es posible que hayamos acrecentado la crisis y las inequidades, porque nadie siguió un libreto, no usamos los mismos planos, en decir, no construirnos nada, y a los pocos días deberemos volver a comenzar de cero, con el agravante de que además deberemos recoger los escombros de las erráticas acciones pasadas.

Construimos un Plan de Desarrollo Departamental 2016-2019 que busco cambiar esto, un plan pensando en la región y no pensando en ejecutar un presupuesto, que es el mayor error que se comete siempre, el presupuesto es solo una herramienta, como muchas otras que se deben usar en su debido momento, pero no es la finalidad, es un Plan de Desarrollo más pensando en la articulación de actores, en la construcción de un  plano de región en el cual cada actor, sea público o privado, incluso la misma ciudadana, y las etnias entre ellos, aportara su granito de arena para que al final pudiéramos tener algo sólidamente construido, una región con futuro y oportunidad para todos, en lo económico, en lo social, en lo étnico, en lo cultural, y sí, incluso en lo político, porque invitaba a hacer un cambio de chip mental.

La nación ha hecho importantes inversiones, eso es cierto, y ha impactado importantes grupos de población, también en cierto, pero la mayoría de la población sigue aun sin impactar, porque no conocen el territorio, y  no articulan con la región.  ICBF ha disparado la atención en el Territorio, y lo sigue haciendo, sale todo los días a buscar niños, desafortunadamente se le condena más por los niños que han muerto pero nadie reconoce los miles de niños que ha salvado, y peor, desconocen las causas por los que murieron, muchos asociadas a la pobreza extrema, la falta de oportunidades para sus padres, las fallas de un sistema de salud que colapso hace muchos años, a la falta de carreteras y transporte público rural, al cambio climático y la desertificación acelerada y la sequía que continua hoy día, pese a algunas lluvias, a no saber que La Guajira es más rural y étnica de lo que se creía, a la falta de empoderamiento de las comunidades para que puedan ser responsables y artífices de su propio futuro.

La Guajira necesita hoy más que nunca, más que recursos, es ponerse de acuerdo en algo, establecer un norte definido, sea basado en el Plan de Desarrollo Departamental 2016-2019 o en otro, eso es lo de menos, lo importante es unificar criterios y con base en ellos diseñar estrategias unificadas y claras, donde cada actor asuma responsabilidades concretas y medibles en la construcción de ese gran proyecto que debería ser La Guajira, donde quepamos todos, donde nos reconozcamos como iguales, donde se generen las mismas oportunidades.

La Guajira se ha especializado en ocupar los últimos lugares en todo, en competitividad estamos de últimos, o de penúltimos cuando nos gana el Choco, y los primeros lugares los ocupamos en muerte de niños y madres gestantes y lactantes, mayoría indígenas, esto no puede continuar, debemos cambiar este escenario de tragedias diarias que se repiten sin cesar,  y si hay algo que tengo bien claro es que si podemos porque en La Guajira está llena de personas buenas con mucha capacidad y ganas para lograrlo.

Si convirtiéramos a la Riohacha urbana en lo mejor de lo mejor, alcanzando los mejores puntajes en los diferentes ranking con que se miden las regiones, sin intervenir y generar oportunidades en la zona rural y étnica, al sumar y promediar, La Guajira como región vuelve y se ubica en los últimos lugares, esto implica que las grandes apuestas deben ser repartidas en todo el territorio, en lo urbano y lo rural, con enfoque étnico y diferencial, porque La Guajira es más rural, y no habrá desarrollo si nuestra población rural y étnica mayoritaria se sigue ubicando en niveles de pobreza multidimensional superiores al 85.5%.


Si podemos, pero debemos ponernos de acuerdo para lograrlo, porque los retos son muy grandes.